Voluntariado de apoyo escolar para niños migrantes fortalece trabajo en campamento Puerto Príncipe de Curicó
Inspirado en el Programa de Español para Migrantes, el académico de la Facultad de Ciencias de la Educación, docente de la Escuela de Pedagogía General Básica, Dr. Alejandro Espinoza Guzmán, quiso contribuir con la comunidad migrante presente en Curicó, enfocándose en los niños del campamento Puerto Príncipe. ¿Cómo podían ir más allá de la barrera idiomática y aportar en las otras áreas? Su motivación lo conectó con la labor de aula y con puro corazón, formó un grupo que ha manifestado su compromiso con los niños del campamento de migrantes más grande de Curicó.
“Tuve la iniciativa personal de involucrarme con esta comunidad e intentar colaborar en una mejor inserción en la escuela”, afirmó el académico. Así fue como en diciembre de 2024 convocó a estudiantes de la carrera de Pedagogía General Básica a participar de esta iniciativa a través de redes sociales. Llegaron cuatro estudiantes, de tercero y quinto año. No sabían muy bien cómo iban a trabajar, pero creían que de todas maneras sería una ayuda para los niños haitianos que asisten a las escuelas de Curicó.
Hicieron una capacitación con la Dra. Giselle Bahamondes, coordinadora del Programa de Español para Migrantes, y tuvieron la guía constante de la hermana Ana Carvajal, de la Pastoral de Movilidad Humana dependiente de la Diócesis de Talca. De esa manera lo que había comenzado como un semestre más bien experimental, se fue transformando en un proyecto aplicado a las necesidades de los niños y niñas del campamento.
Trabajaban por grupos e iban identificando a quienes requerían ayuda específica en las distintas asignaturas, principalmente las que podían ser más complejas como lenguaje e historia, aunque también otras más transversales como matemáticas y ciencias. La asistencia fue buena con un promedio de participación de 20 niños cada sábado. La buena acogida fue tal, que, a la primera reunión de apoderados realizada en septiembre, los apoderados agradecieron la iniciativa y comprometieron asistencia.
A pesar de las dificultades, materiales y culturales, el segundo semestre la iniciativa tomó más fuerza al haber adjudicado un proyecto de Vinculación con el medio, el que significó recursos para más materiales, colaciones y difusión. Además, con los meses de trabajo a cuestas, pudieron replanificar las clases, enfocándose en el desarrollo de habilidades. Es decir, un trabajo de manera integrada pensado en las edades de los estudiantes, de entre cinco y quince años. “Las asignaturas base dialogan con otras. Por ejemplo, hicimos una clase de historia y matemáticas utilizando billetes de mil, cinco mil, diez mil y veinte mil pesos. Esto permite que nadie quede fuera y si alguno necesita ayuda especifica con alguna tarea, lo ayudamos de manera aislada”, explica el Dr. Alejandro Espinoza.
Evaluación del primer año
Además de proyectar el proyecto como un programa robusto, el profesor Espinoza, piensa que experiencias como esta sirven más allá de lo académico. Los voluntarios adquieren más empatía, desarrollan habilidades que no pensaban se les podían ocurrir, y un fuerte compromiso con una tarea que no les reditúa nada material ni puede convalidarse por notas u horas de clases. “Eso es lo más lindo, que los voluntarios ofrecen su trabajo solo por la convicción que tienen en su carrera como formadores y que están ayudando a una comunidad vulnerable. La hermana Ana ya nos había dicho que “las experiencias más significativas se dan cuando no hay nada a cambio”, sostuvo el académico.
Este proyecto que podría considerarse una práctica profesional no convencional da respuesta a una necesidad formativa en la carrera docente. Además de ir en línea con el espíritu de servicio de la Universidad Católica del Maule, conecta con una sociedad que recibe comunidades migrantes, que muchas veces, no tienen todas herramientas para insertarse en la sociedad.
Para el Dr. Alejandro Espinoza, este año de vida del VAEM, ha sido un aprendizaje con tonos desafiantes y también emotivos que lo han sensibilizado tanto a él como a los 8 voluntarios. “Lo más lindo ha sido ver el avance en el idioma. Hay niños que ya hablan muy bien español, asimismo, verlos en pleno invierno calzando sandalias fue muy chocante. Pero hemos ido aprendiendo a dar lo mejor de nuestra profesión, siendo respetuosos con esta comunidad que se caracteriza por la dignidad y el esfuerzo”, puntualizó.
Las y los voluntarios son: Tamara Layton, Aline Maldonado, Ary Rojas, Fernanda Salgado, Avith Amaro, Mónica Barría, Nicole Iturriaga, Francisca Dinamarca, Vanessa Sarracina y Alex Troncoso. El equipo VAEM, espera que puedan ir integrándose más estudiantes en los próximos años.
Dr. Alejandro Espinoza.
Hermana Ana Carvajal.
Clase de música en campamento Puerto Príncipe.