Semillas en consulta: ¿pensemos en el equilibrio entre su mejoramiento comercial y tradicional?
Patrimonio genético, conservación local y los desafíos de la nueva regulación de semillas en Chile .
En Chile se encuentra abierta una consulta pública del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) para modificar la normativa que regula la comercialización de semillas corrientes. Aunque pueda parecer una discusión técnica, el debate toca temas más amplios: biodiversidad, innovación agrícola, patrimonio biológico, soberanía alimentaria y hasta adaptación de la agricultura al cambio climático.
Las semillas son el resultado de miles de años de evolución biológica y de un proceso continuo de selección realizado por agricultores, comunidades campesinas y pueblos originarios. Cada variedad local representa una adaptación única a determinados suelos, climas, disponibilidad de agua y prácticas culturales. Gracias a esa diversidad genética, la agricultura ha podido evolucionar junto con los territorios.
La innovación agrícola tampoco ocurre únicamente en laboratorios o programas formales de mejoramiento. Durante generaciones, los agricultores han observado, seleccionado y conservado las mejores plantas, desarrollando variedades adaptadas a sus condiciones locales. Muchas de las especies y variedades que hoy forman parte del patrimonio alimentario nacieron precisamente de estos procesos de selección y conservación local.
La propuesta del SAG busca fortalecer la trazabilidad y la transparencia en la comercialización de semillas, estableciendo, entre otros aspectos, que las variedades agrícolas comercializadas deban estar inscritas en una Lista de Variedades Oficialmente Descritas (LVOD). Es legítimo que quienes invierten en programas formales de mejoramiento varietal - empresas o instituciones - obtengan un retorno justo por ese trabajo, y ese objetivo de trazabilidad es en sí razonable. Pero conviene distinguir esa propiedad legítima sobre una nueva variedad de la base sobre la que se construye: un acervo genético colectivo, histórico y desprovisto de propiedad individual. Por eso surgen preguntas clave sobre cómo interactuará esta regulación con las semillas campesinas, criollas o tradicionales, y de qué manera asegurará la continuidad y el desarrollo de las variedades adaptadas localmente.
Estas interrogantes son especialmente relevantes frente al cambio climático. La diversidad genética constituye una de las principales herramientas para que la agricultura responda a sequías, nuevas plagas y condiciones ambientales cambiantes. A nivel internacional, la FAO y el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura reconocen la importancia de los derechos de los agricultores y del papel que desempeñan los sistemas campesinos de semillas en la conservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
Detrás de lo técnico y lo legal, la ética nos invita a reflexionar en términos de responsabilidad compartida, pues ese acervo genético vegetal, de valor patrimonial (herencia milenaria), es la base de la que se nutre el mejoramiento varietal formal, y se ha ido erosionando, pues gran parte de las variedades de hortalizas que se cultivaban hace apenas un siglo ya no existen, por poner un ejemplo. Regular la comercialización de semillas es una función necesaria del Estado, pero también lo es evitar que esa regulación desaliente aún más la multiplicación y el intercambio tradicional, acelerando una pérdida que, una vez producida, no tiene vuelta atrás.
Lo que está en juego, en el fondo, es qué tipo de agricultura quiere construir Chile para las próximas generaciones. Regular con calidad, trazabilidad e innovación es necesario, pero sin comprometer la biodiversidad, la resiliencia de los agroecosistemas ni el legado agrícola del país.
El Servicio Agrícola y Ganadero mantiene abierta una consulta pública sobre esta propuesta normativa. El texto completo y el formulario para enviar observaciones están disponibles en:
Participar de manera informada es una forma concreta de incidir en una regulación que fortalezca la calidad del sistema de semillas, cuidando también la biodiversidad agrícola, la conservación local campesina y este patrimonio que hay que preservar para las futuras generaciones.
Ricardo Castro-Huerta; Enrique Misle A.
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