Pastoral UCM Curicó: El valor de escuchar y acompañar en Aldeas Infantiles y la cárcel local
Estudiantes de Trabajo Social, Administración Pública y Psicología de la Universidad Católica del Maule relevan el impacto humano y formativo de los voluntariados, donde el juego con sentido y la escucha activa a la luz de la fe se transforman en herramientas de contención y dignidad para realidades altamente vulnerables.
Más allá de las aulas y de la adquisición de competencias puramente técnicas, la Pastoral de la Universidad Católica del Maule (UCM) en su Sede Curicó continúa consolidando espacios de profunda vinculación humana y social a través de sus denominadas "Comunidades de Servicio". Estos voluntariados institucionales buscan que los futuros profesionales de la región no hagan "la vista gorda" frente a las realidades más complejas de la provincia, insertándose activamente en contextos desafiantes como las Aldeas Infantiles SOS y el Centro de Cumplimiento Penitenciario local.
Para las y los jóvenes que dan vida a estas iniciativas, el motor inicial muchas veces surge de una búsqueda personal por trascender los límites de la propia carrera. Así lo explican estudiantes de Trabajo Social y Administración Pública, todas de cuarto año, quienes a principios de este año co-diseñaron e implementaron una intervención continua en la Aldea Infantil local, un espacio residencial donde viven niños, niñas y adolescentes de entre 6 y 17 años que han transitado por situaciones de vulnerabilidad.
El juego con trasfondo: Abrazar la infancia en las Aldeas
"Nuestra propuesta no es solamente ir a jugar por jugar, sino que a través del juego inculcar valores, acompañar y que disfruten. Cada actividad que organizamos tiene un trasfondo", explican las voluntarias Geraldine González, Valentina Díaz y Camila Camus de Trabajo social; Tamara Rojas y Fernanda Campos de Administración Pública, quienes asisten rigurosamente cada viernes por la tarde. El diseño metodológico incluyó un diagnóstico inicial y una planificación validadas por la administración del recinto, adaptándose a las necesidades de una población infantil caracterizada por una alta sensibilidad, reactividad y baja tolerancia a la frustración, derivadas de sus propias historias de abandono.
A través de dinámicas que van desde tardes de repostería (altamente solicitadas por los propios niños mediante dibujos y cartas) hasta búsquedas del tesoro orientadas al trabajo en equipo y la gestión de la frustración, las estudiantes han logrado tejer un vínculo de confianza. "Nos encontramos con niños muy sensibles a cada palabra o tono, pero también con un agradecimiento inmenso. Las cuidadoras son las que más nos agradecen; nos dicen que es bueno que vengamos en días aleatorios del año y no solo para fechas comerciales como Navidad, porque ahí es cuando se sienten más solos", relata una de las voluntarias.
Sebastián Leal, encargado de la Pastoral UCM en Curicó, refuerza la identidad de esta labor: "Las voluntarias aplican sus habilidades profesionales, pero el sello pastoral está en el Evangelio: en la compañía, el querer a los niños, el tener paciencia y escucharlos. Pocos son quienes se detienen a mirarlos a los ojos y darles atención sin que sean un número más. El juego es el vehículo para construir herramientas socioafectivas".
Camino Esperanza: Romper las cadenas de la culpa en prisión
En paralelo, la Pastoral UCM sostiene la comunidad de servicio "Camino Esperanza", que ingresa todos los jueves por la mañana a la cárcel de hombres de Curicó. A diferencia del trabajo con niños, la intervención con la población penal adulta —donde cada vez ingresan internos más jóvenes— se sostiene en un plano profundamente espiritual y de escucha activa de sus historias de vida.
"Es un trabajo fortísimo con las escrituras y la palabra de Dios. Buscamos descubrir, a través del diálogo, por dónde han sido ellos oprimidos o engañados en sus vidas", comenta Sebastián, detallando que la marginación genera un círculo vicioso de sufrimiento que muchas veces inicia en la misma infancia vulnerable que hoy intentan proteger en las aldeas. "Llegan a la cárcel creyendo la mentira de que son la basura del mundo, que no valen nada. Nosotros venimos a decirles que Dios los creó y los ama, iniciando un camino de retorno y de sanación de heridas".
Bárbara Díaz estudiante de tercer año de Psicología y voluntaria de esta comunidad, complementa desde su rol formativo: "Aunque llevemos un plan de trabajo, ellos son quienes nos guían con los temas. Al principio nadie hablaba y estaban enojados en sus rincones; hoy somos una comunidad. Desde mis conocimientos, intento guiarlos para que entiendan de dónde vienen sentimientos que no logran comprender, ayudándoles a despojarse de una culpa sistémica, ligada a contextos de abandono y violencia desde pequeños". Debido a la complejidad del entorno penitenciario, este equipo requiere una alta madurez y vida espiritual activa, estando actualmente limitado a tres integrantes fijos.
Un sello formativo que transforma el corazón
Para las futuras profesionales, el impacto de pertenecer a estas comunidades de servicio redefine su paso por la educación superior. "Siento que esto nos hace crecer como personas, ser más sensibles, empatizar y profundizar en la comunidad, de la mano de una labor acompañada por Dios", destaca una de las integrantes de Trabajo Social. Otra voluntaria añade lo gratificante que resulta ser un referente positivo para adolescentes que, pese a la adversidad, manifiestan deseos de estudiar: "Más que ayudarles a ellos, ellos nos ayudan a nosotras. Llena el corazón sentir que alguien espera verte".
Finalmente, las estudiantes extienden una invitación abierta a la comunidad universitaria de la UCM para sumarse y dar continuidad a estos proyectos de cara al próximo semestre, evitando que estas rutas de servicio desaparezcan cuando las generaciones actuales se titulen. "Nos estamos formando dentro de una institución católica, por lo que no se trata solo de sacar la carrera y hacer como que no nos importa nada. Estos voluntariados nos ayudan a ampliar la mente, conocer realidades drásticas y formarnos con una verdadera conciencia social y humana", concluyen.