La paradoja de la interdisciplina y el purismo discplinar: sobre Fondecyt Postdoctorado 2027
Rafael Miranda Rojas, académico de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas, Universidad Católica del Maule.
Hace un par de años tuve el honor de colaborar en un hermoso libro titulado Las paradojas de la historia .
En ese libro, se nos invitaba a pensar sobre los alcances de la clásica noción de paradoja, en el marco de la historiografía. Desde Aquiles y la tortuga de Zenón de Elea hasta la paradoja de Fermi, es posible observar en estas contradicciones (ya aparentes, ya reales), un motor de curiosidad que mueve al ser humano a reflexionar y comprender.
Si bien ya se ha escrito bastante sobre el cambio a las bases postdoctorales Fondecyt 2027, no parece ser un tema que se vaya a agotar pronto. Entre las diversas opiniones y argumentos, una parece mostrar una cierta tensión interna, una paradoja (aparente o real). Se destaca, por un lado, como las Humanidades y en particular la Filosofía contribuyen a fortalecer el diálogo interdisciplinar, ampliar la mirada crítica, y contribuir de este modo a la sociedad impulsando la reflexión atenta ante los fenómenos que acontecen vertiginosamente (lo que en alguna medida impide o limita la reflexión).
Sin embargo, al mismo tiempo, se ha posicionado una mirada que apuntaría a un cierto purismo disciplinar, y cómo la no inclusión de las HACS (un acrónimo similar al de STEM para Humanidades, Artes y Ciencias Sociales) como áreas prioritarias tensionaría el ejercicio libre del pensar, sin presiones economicistas o de medición de impacto. Purismo disciplinar, en el sentido que la RAE describe la cualidad de purista en su tercera acepción: Que defiende el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones
En este sentido, no se está comprendiendo la definición de áreas prioritarias como espacios abiertos al diálogo interdisciplinar, en el que las Humanidades pueden y deben aportar. Se están comprendiendo esas áreas prioritarias como una vía de exclusión del ejercicio libre de la investigación ¿Cuál es la tensión o eventual paradoja? El destacar el valor del diálogo interdisciplinar como un aspecto que enfatiza el valor de las Humanidades y, al mismo tiempo, entender como una exclusión la definición de áreas prioritarias que serían inherentemente interdisciplinares (aunque acepto que este es un punto que debe discutirse en detalle, por el momento lo enuncio como una tesis intuitivamente correcta. Sobre el rol de las intuiciones en la discusión filosófica, comparto el siguiente insumo Sobre el rol propedeútico de las intuiciones)
Por supuesto, las áreas prioritarias no son las únicas que merecerían atención, aunque priorizar demanda definir aquello que de acuerdo a un análisis requiere mayor atención actualmente. Es correcto que la propuesta de estas prioridades es tal vez demasiado restrictiva, y que no toda investigación que se desarrolla en el ámbito de las HACS se conectaría de modo evidente con las diez áreas prioritarias, sin perder por ello su valor intrínseco. Lo que yo investigo, por ejemplo, no veo cómo se vincula de modo directo con esas áreas.
Vale la pena preguntarse, entonces, qué diálogo interdisciplinar es aquel en el que se destaca el aporte de las Humanidades, y cuál no. Se puede anticipar que las Humanidades no se pueden autoexcluir de ningún diálogo que fortalezca la interdisciplina, y que solo se pueden entender como excluidas de las áreas prioritarias definidas si efectivamente no tienen algo que aportar, lo que parece altamente improbable.
Del mismo modo, otro aspecto que se ha argumentado como tensionante de la definición de áreas prioritarias corresponde al énfasis en el mérito y la excelencia como criterios distintivos de las convocatorias Fondecyt de Postdoctorado, algo que (se argumenta) se estaría restringiendo con la definición de áreas prioritarias, sugiriendo que esa priorización tiende a ser anti meritocrática o restrictiva en la evaluación del mérito, por decirlo de algún modo. Se comprende que el énfasis estaría en cómo se evaluará qué propuestas serían más meritorias por responder de mejor modo a estas áreas, y que por lo tanto aquellas que no lo harían no estarían siendo evaluadas solo en base al mérito inherente de la propuesta. La meritocracia, a su vez, no está exenta de crítica desde ciertas posiciones teóricas, que entienden el mérito básicamente (una simplificación por supuesto) como un motor de desigualdades, relevando a su vez el carácter injusto de ciertos logros, condicionados los mismos por la falta de oportunidades o de igualdad de oportunidades para toda la sociedad (se sostiene por ejemplo que el mérito es un mito, ver The myth of meritocracy ) ¿Será que el mérito puede ser abordado de modo particular y diferenciado en distintos ámbitos, criticado o destacado cuándo parezca pertinente? Salvo que se defienda una suerte de particularismo meritocrático, esto no parece plausible.
Finalmente, resulta paradojal que para posicionar la necesidad de la Filosofía, se mencione la creciente demanda de contratar filósofos/as por parte de empresas emblemáticas de IA. Paradojal, en el sentido de que podría interpretarse también como un claro ejemplo de la instrumentalización de la Filosofía. Paradojal también porque la inteligencia artificial aparece en un área prioritaria, la segunda titulada “Ingeniería y Tecnología de frontera” (si bien podría cuestionarse que el foco no está en el aporte desde las Humanidades)
Para evitar estas tensiones, será necesario ser autocrítico. Las Humanidades, que relevan el pensamiento crítico como uno de sus aportes centrales, debe dar el ejemplo y someter sus propias creencias y juicios a ese proceso crítico (en caso que exista algo así como “las” creencias de las Humanidades, lo que probablemente no es así por la diversidad de posiciones teóricas que conviven). Sin ese proceso crítico, el riesgo de equivocarse en el juicio es alto. Sin él, las Humanidades corren el riesgo de caer en la paradoja de criticar y no autocriticarse.