“Hagan esto en memoria mía”: 50 años de la Vicaría de la Solidaridad
Pbro. José Ignacio Fernández S., Capellán General de la Universidad Católica del Maule.
El reciente documental “Sin desviar la mirada”, con motivo de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad y su activa defensa de personas durante la Dictadura Militar nos permite, en primer lugar, hacer memoria, y la Iglesia vive de Aquel que nos ha dicho “Hagan esto en memoria mía”.
Hacer memoria es un acto creyente que define en cierta medida la fe bíblica. Israel vive de la memoria de ser un pueblo liberado, de la memoria de ser un pueblo con el cual Dios ha hecho alianza. A su vez, el pueblo de la nueva alianza, vive de la memoria de Aquel que ha ofrecido su sangre en la cruz para rescatarla y manifestarle el amor de Dios por el hombre, para manifestarnos la infinita dignidad del ser humano, por quien el Hijo de Dios entregó su vida. Y la Iglesia vive de esa memoria; memoria que la reconstituye en un solo cuerpo en Cristo cada vez que celebra la Eucaristía. “Hagan esto en memoria mía”. La expresión no sólo indica la celebración de un acto litúrgico, sino también el hacer lo que Jesucristo ha hecho, lo que sus palabras y gestos buscaron.
En ese sentido, el documental nos permite hacer memoria de la Iglesia que a imagen de su Señor se gasta y entrega, que no se mide en el cuidado de la dignidad humana utilizando creativamente todos los medios pacíficos a su alcance. Haciendo memoria hoy nos habilitamos mejor para renovamos nuestro compromiso de entregarnos en cada tiempo por el ser humano herido del camino. Porque el hacer memoria en la Eucaristía requiere que hayamos hecho memoria del Señor con nuestra vida partida y entregada.
Los relatos de las víctimas y de sus defensores evocan una idea que los Padres de la Iglesia ya habían indicado ante la parábola lucana del Buen Samaritano. En el relato bíblico, es posible reconocer a Jesús, el Buen Samaritano, que en su encarnación ha bajado de su cabalgadura al compadecerse de Adán, del ser humano herido -o medio muerto- por el pecado. San Agustín, Patrono de nuestra ciudad de Talca, señala comentando este pasaje: “La posada es la Iglesia, donde se recrean y reparan los viandantes que retornan a la patria eterna desde esta peregrinación” (Cuestiones sobre el Evangelio de San Lucas n. 19). La posada es la Iglesia, que en cada tiempo encuentra personas, acciones o estructuras capaces de manifestar esta condición de posada que acoge y repara al herido. El documental nos ha traído a la memoria eso: personas, acciones y estructuras. En la Vicaría de la Solidaridad la Iglesia supo ser posada para acoger a quien Cristo le confiaba.
¿Cómo hacer memoria hoy, que ya no estamos en dictadura? El Papa Francisco ha puesto de relieve el carácter de posada, de hospedería, de la Iglesia, al llamarla hospital de campaña para atender a los heridos de nuestra época: señalando la eminencia de la misericordia y el cuidado sobre el juicio.
Estos 50 años que hoy conmemoramos providencialmente coinciden con el llamado del papa León a custodiar la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. En efecto, el pueblo de Dios está llamado a hacer hoy lo que con lucidez y valentía del Espíritu hizo en los años setenta y ochenta de nuestro país. Pero no desde la nostalgia. Hacer memoria en sentido cristiano no es nostalgia, es impulso esperanzado para hacer del presente un tiempo de la manifestación del Reino de Dios. Y es ahí donde requerimos estar siempre vigilantes, para humanizar la vida, para reconocer a los heridos de nuestro tiempo, al ser humano instrumentalizado por el paradigma tecnocrático o vaciado de sentido por la cultura del consumo y la competencia, o acechado por las culturas de la muerte y descarte, o marginado por su condición migrante, o esclavizado por droga y los traficantes. Y reconociendo al herido, hacer para él de nuestro mundo una posada.