Aprender desde y con el territorio: CIIS UCM acompañó experiencias de estudiantes de Terapia Ocupacional UCM en Curicó
Actividad curricular de sexto semestre permitió desarrollar intervenciones en salud mental y comunitaria con distintos grupos y realidades del territorio.
Te invitamos a ver el video completo de esta experiencia, desarrollado por el CIIS UCM con el apoyo técnico audiovisual del Centro de Desarrollo e Innovación Docente (CDID).
https://www.youtube.com/watch?v=mvmKmKMdJyY&t=10s
Durante el segundo semestre de 2025, estudiantes de la carrera de Terapia Ocupacional de la sede Curicó de la Universidad Católica del Maule participaron en un proceso formativo situado en el territorio, en el marco de la actividad curricular Integrado de Salud Mental y Comunitaria Adulto, correspondiente al sexto semestre de formación.
La experiencia, guiada por la académica Daniela Soto Garrido, profesional docente de la Escuela de Terapia Ocupacional UCM, incorporó la metodología de Aprendizaje + Servicio (A+S) en el currículum y contó con el acompañamiento del Centro Integral de Innovación Social (CIIS UCM), favoreciendo una formación que articula el desarrollo académico con las realidades, necesidades y saberes presentes en el entorno.
A lo largo del semestre, las y los estudiantes desarrollaron intervenciones en distintos contextos sociales, trabajando con población LGBT en contexto de privación de libertad en la Cárcel de Curicó, mujeres cuidadoras, jóvenes con discapacidad del Programa de Tránsito a la Vida Independiente (TVI) y personas en situación de calle del Centro de Acogida Territorial (CAT) de la misma comuna.
Más que una aplicación de contenidos, estas experiencias implicaron un proceso de aprendizaje construido en el encuentro con otros. “Las intervenciones de la universidad están a disposición de la sociedad, y es el entorno quien va contribuyendo al desarrollo del conocimiento de los estudiantes”, señala Daniela Soto, destacando el rol activo de las comunidades en los procesos formativos.
En este contexto, el foco estuvo en abordar la salud mental y comunitaria desde la vida cotidiana, considerando desde actividades básicas hasta procesos de acompañamiento y rehabilitación. Las intervenciones buscaron fortalecer capacidades, sostener redes y favorecer la participación significativa de los distintos grupos, así como formar profesionales capaces de reconocer desigualdades en el entorno, de actuar con enfoque de derechos y de asumir un involucramiento activo frente a contextos diversos.
“El trabajar con el modelo de innovación social ha sido muy grato como equipo, porque permite sustentar el trabajo que venimos realizando y vincular estos principios institucionales con el rol y perfil de la Terapia Ocupacional”, agrega la docente.
Desde la visión de los estudiantes, este proceso significó una apertura hacia nuevas formas de entender la disciplina. “Terapia Ocupacional no solo se basa en la discapacidad, sino también en reconocer a las familias y trabajar directamente con ellas y con cada usuario”, señala Camila Quiroz, estudiante que trabajó con mujeres cuidadoras. En esa misma línea, Loreto Aravena, estudiante que acompañó a jóvenes con discapacidad del Programa de Tránsito a la Vida Independiente (TVI), destaca que “estas experiencias nos permiten conocer distintas realidades y entregar herramientas para que las personas puedan desarrollarse y mejorar su desempeño en la vida cotidiana”.
Espacios de conversación, distensión o el desarrollo de actividades lúdicas y manuales, como la elaboración de antifaces terapéuticos o el trabajo en porcelana fría, dan cuenta de que no existen contribuciones únicas, sino procesos que se construyen desde las particularidades de cada contexto e intereses de cada grupo. En ese sentido, la formación se enriquece al integrar dimensiones técnicas, humanas y éticas, poniéndolas al servicio de la comunidad y fortaleciendo habilidades como la empatía, la reflexión crítica y el compromiso social.
Quienes participaron de estas instancias valoraron estos espacios como oportunidades significativas de acompañamiento y bienestar. “Ojalá que este tipo de actividades se siga repitiendo en el futuro, porque (…) para jóvenes como nosotros (…) son muy buenas para salir de la casa y despejarnos de los problemas”, comentó Jenifer Sánchez, participante del programa TVI. Por su parte, Juan Correa, participante de la iniciativa en la Cárcel de Curicó, destacó que las actividades con estudiantes “nos va enseñando más para poder despejar nuestra mente”.
Para la docente, uno de los principales aprendizajes tiene que ver con la transformación que experimentan las y los estudiantes a lo largo del proceso. “Al inicio llegan con temor y con estructuras muy rígidas, pero luego comprenden que el conocimiento teórico no siempre es suficiente. Es necesario desarrollar habilidades más humanas, flexibilizar y responder a lo que las comunidades realmente necesitan”, explica Soto.
De este modo, este tipo de experiencias no solo fortalecen la formación disciplinar, sino que también contribuyen a la formación de profesionales con mayor conciencia de las necesidades y desafíos existentes en la Región del Maule, capacidad de análisis y compromiso con las personas.